(Esta soy yo en la Muddy Angel Run. Una carrera de obstáculos para mujeres donde acabas de barro hasta las orejas. Fue duro, pero me lo pasé en grande ;D)

«No se me dan bien las matemáticas. Yo soy asi».

«Estoy acostumbrado a un cierto estilo de vida».

«No puedo bajar mi nivel de vida. ¿Qué pensará la gente?

He escuchado estas excusas, una y otra vez. Y cada vez que las escucho no puedo evitar poner los ojos en blanco.

Las personas que dan este tipo de excusas, generalmente, vienen de un lugar “privilegiado”. Porque el privilegio te da el lujo de elegir lo que quieres o no quieres hacer. Cuando no tienes ese privilegio, no tienes más remedio que hacer los cálculos, vivir la vida dentro de tus posibilidades y reducir tu nivel de vida.

¿Pero sabes qué? No envidio a las personas con privilegios. Aunque el privilegio puede ayudarte a salir adelante, también puede convertirse en una gran desventaja.

Los privilegios tienen desventajas

Déjame aclararlo, el tipo de privilegio del que estoy hablando aquí es el privilegio financiero. Los que nunca han tenido que preocuparse por el dinero.

Nunca vi mi educación como una desventaja. En cambio, crecer pobre es la razón por la que estoy donde estoy hoy.

Eso me ha permitido desarrollar mi creatividad, resiliencia, adaptabilidad y perseverancia, para crearme un futuro financiero mejor para mí y mi familia. Además, de estar en el camino hacia la libertad financiera. 

Es por eso que nunca he envidiado a personas privilegiadas. Porque en mi opinión, el privilegio es una debilidad, no una fortaleza. El privilegio hace que la gente sea blanda.

Por otro lado, es posible que muchos de vosotros estéis en desacuerdo con esta idea. Quizás veas el privilegio como un boleto de lotería premiado, que te sitúa por delante de los demás. Pero al igual que la mayoría de los ganadores de lotería, las personas privilegiadas pierden rápidamente su nueva ganancia porque nunca aprendieron cómo mantenerla. 

“La riqueza solo dura 3 generaciones”

Las estadísticas muestran que el 90% de las familias ricas pierden su riqueza en la tercera generación. Esto se debe a que la primera generación comenzó sin nada, por lo que tuvieron que esforzarse para ganar su riqueza. Esta generación aprendió rápidamente cómo mantenerla porque cada céntimo que ganaban provenía de su propia sangre, sudor y lágrimas.

La segunda generación, después de haber visto a sus padres sudar y trabajar por su dinero, terminó aprendiendo a manejar sus finanzas y no a malgastarlas porque vieron cuánto trabajo costaba volverse rico.

La tercera generación, sin embargo, es la generación que lo destruye todo. Al crecer en forma privilegiada y recibir una carga a tope de dinero, la tercera generación termina siendo demasiado blanda. No aprenden a trabajar duro y manejar sus finanzas, por lo que rápidamente lo malgastan.

¿Por qué pasa esto? Creo que crecer “con todo hecho” hace que se cometan los siguientes errores:

No aprender a manejar las finanzas

Cuando creces rico, cada vez que te equivocas y gastas de más, no ocurre nada. Tus padres simplemente te rescatan. Esto provoca que nunca aprendas cómo optimizar y planificar tus finanzas. 

Cometes errores, y como no hay consecuencias, puedes seguir cometiendo el mismo error una y otra vez. Si no aprecias tus recursos, nunca aprenderás a administrarlos. Como resultado, terminas desperdiciando tus recursos como adulto y tirando de la red se seguridad.

Pero cuando creces pobre, tienes recursos limitados. Lo que significa que tienes que planificar porque no hay una red de seguridad. 

Un ejemplo de esto fueron mis comidas de niña. Cada vez que dejaba comida, no recibía un segundo plato. Aprendí a valorar la comida que me daban, y a no desperdiciar recursos. Esto terminó siendo una habilidad valiosa porque de adulta aprendí a hacer presupuestos lo más eficientes posible.

Incapacidad para soportar las molestias más leves

Cuando creces en forma privilegiada no tienes que ser una persona adaptable, porque tus padres siempre tuvieron dinero para resolver tus problemas. ¿No te gusta la comida? Está bien. Se te hace otra cosa. ¿No te gusta tu escuela? No hay problema. Tus padres te trasladarán a una escuela privada más agradable y elegante.

A medida que vas creciendo, las cosas empeoran y no puedes aguantar ni el más mínimo malestar. ¡Oh, no puedo tomar el transporte público!, ¿qué pensará la gente? «O» ¿Esta cama no tiene sábanas de algodón egipcio? ¡No, por favor!» XD

Pero para las personas que crecieron pobres, aprendimos cómo resistirnos, cómo adaptarnos y cómo evolucionar. La incomodidad no nos molesta en absoluto. Todo lo que nos importa es lograr nuestra meta, ya sea viajar por el mundo, ser financieramente independiente o llevar una vida satisfactoria. 

Todas esas pequeñas cosas no significan nada.

Constantemente necesitan la aprobación de los demás

Cuando creces en forma privilegiada, todos los que te rodean en realidad mienten acerca de tus sentimientos. Cuando estás triste o estresado, díselo a tus padres, niñera o maestros y ellos responderán de inmediato validándolos y tratando de ayudarte a “sentirte mejor”.

Si bien esto puede sonar muy bien, en realidad tiene la tendencia a causar problemas en el futuro. Debido a que constantemente se validan tus sentimientos significa que, como adulto, esperas que todos a tu alrededor dejen de hacer lo que están haciendo y te solucionen la vida. 

Esto puede ser extremadamente molesto para todos los que te rodean e impide que te enfrentes a lo que realmente tienes que hacer. 

En mi caso, mis padres se pasaban el día trabajando y no había mucho tiempo para las contemplaciones. No me lo daban todo hecho. Esto hizo que aprendiera a adaptarme a nuestra situación, absorberla y resolver mis propios problemas. 

Los sentimientos importan, pero en realidad, las acciones son las que dan resultados. No dejé que los sentimientos me desmotivaran y trate de conseguir mis objetivos a pesar de la incomodidad. 

Por ejemplo, en mi primer trabajo, estaba constantemente al borde de una crisis emocional y mental. No sabía qué hacer para que se fijaran en mí y poder ascender de puesto. Pero sabía que hablar sobre mis sentimientos no iba a ayudarme, así que, independientemente de lo enferma o estresada que estuviera, perseveré. Nunca dejé que el estrés y la ansiedad me desanimaran. 

En la vida real, o encuentras un camino o fracasas.

¿Y si algo sale mal?

Entonces, ¿qué les ocurre a aquellos privilegiados si algo sale mal y no hay nadie para salvarlos? 

Están jodidos.

No estoy diciendo que no haya que mimar a los niños. Es más, hay que darles todo el cariño que necesiten y más, pero hay que enseñarles a valerse por sí mismo. A enfrentarse a las tormentas más difíciles. A resolver sus propios problemas. A ser independientes y no tener que depender de los padres, bancos o gobiernos para que les rescaten.

***

No sé tú, pero cuando las malas rachas vengan, en vez de quejarme y esperar a que otros me rescaten…yo prefiero ser una persona fuerte. Porque de esta forma podré solucionar todos los problemas que me vengan, adaptarme a los cambios y cuidarme de mi misma, pase lo que pase.

¿Y tú qué piensas? ¿El privilegio te hace blando?

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