Loteria

A tan solo un mes para que se celebre el anual sorteo de la Lotería de Navidad, me surge la misma pregunta de todos los años: ¿Por qué seguimos jugando a la Lotería? ¿Por qué si nunca nos toca compramos un décimo con el mismo número que no nos llevó hasta el Gordo? ¿Por qué si queremos hacernos ricos, pensamos en la Lotería?

 

Un poco de historia

La palabra «lotería» procede del italiano tiene su origen en lotta, lucha. Otros suponen que se deriva del alemán lot, que significa suerte.

La evidencia más antigua registrada de loterías son billetes keno de la dinastía china Han de entre 205 y 187 A.C. Keno es un tipo de lotería que aún se juega en los casinos de hoy en día. Hay evidencia que esas loterías chinas iniciales ayudaron a financiar la construcción de la Gran Muralla de China.

La actual Lotería Nacional de billetes nació en España durante la Guerra de la Independencia como un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes.

 

¿Qué probabilidad tenemos realmente de ganar?

Seguro que has oído alguna vez eso de que tienes más probabilidades de que te caiga un rayo en la cabeza que te toque la lotería. Como en todo, depende. Si vives en España, se calcula que la probabilidad de que te caiga un rayo es de una entre 10 millones mientras que las posibilidades que tienes que te toque el Gordo de Lotería de Navidad es de una entre 85.000.

Pese a la contundencia de las matemáticas, lo cierto es que todos soñamos con ser los protagonistas de las noticias del 22 de diciembre. Despertar del sueño es tarea difícil pero si queremos hacernos ricos la mejor opción no es jugar a la lotería.

  • Esperanza matemática de la ganancia

Por si no queda bien claro que las posibilidades de que nos toque la lotería son prácticamente nulas y que los juegos no son el mejor camino para hacernos ricos, podemos hablar de la esperanza matemática de la ganancia.

En un juego de azar, la esperanza matemática es la suma de las posibles ganancias por las posibilidades de obtenerlas menos el dinero que se tiene que desembolsar para participar en él. Dicho de otro modo, es la relación entre el premio que podemos llegar a obtener y las posibilidades que tenemos de que nos toque.

  • Si el resultado de este cálculo es un número negativo, más desfavorable será el juego para el jugador.
  • Si el resultado es positivo, el juego será favorable y, por tanto, convendría apostar.
  • En caso de ser cero, sería indiferente tomar la decisión entre apostar o no apostar.

Evidentemente, en el caso de la lotería de Navidad, como en el de la mayor parte de los juegos de azar, la esperanza matemática es 0,7: (ingreso esperado por cada euro invertido) El hipotético jugador medio perderá el 30% de lo apostado, ¿Es eso recomendable?

Exactamente por cada décimo que compras tienes un 5,305% de probabilidades de ganar algo más de lo jugado, un 10% de recuperar el importe y casi un 85% de que pierdas lo jugado; según analizó el profesor de matemática aplicada de la Universidad CEU San Pablo, Miguel Córdoba Bueno, en su libro “Anatomía del Juego”.

Hay que tener en cuenta que el gran premio tiene las mismas posibilidades de salir en la primera bolita que en la última; o que tenemos las mismas posibilidades de ganar si compramos diez décimos del mismo número que si compramos diez décimos distintos; y que no ha tocado más veces el Gordo en una Comunidad Autónoma porque tenga más suerte, sino porque tiene más población.

  • Otros juegos

El resto de juegos de azar no son excepciones. Existen diferentes estudios que analizan las probabilidades de ganar en el resto de loterías. No tienen desperdicio:

¿No te has convencido aún?…

 

La supuesta función social de la lotería

En los juegos de azar, el que tiene 100% de probabilidades de ganar siempre es el Estado.

El dinero recaudado por la lotería se divide en dos partes: un 70% se destina a los premios correspondientes, y el 30% restante, queda en manos del Estado para cubrir gastos de administración, gestión y tesoro público, del cual se desprenden además gastos destinados a la educación, salud, vivienda, desarrollo cultural y comunitario.

Ese 70% podría ser el equivalente a la cuota que el Estado nos roba para cotizar a la Seguridad Social, pues es un dinero que se entrega y se le da a otras personas (en este caso a los ganadores)

El 30% restante, puede concebirse perfectamente como un impuesto más, puesto su destino es exactamente el mismo.

Por lo tanto, cuando la gente compra un boleto de Lotería está aceptando (sin saberlo) el pago de una especie de impuesto.

 

Síndrome del “Y si…” y coste de oportunidad

¿Y si cae aquí el Gordo? ¿Y si no compro Lotería y luego le toca a todo el mundo menos a mí?¿Y si…? ¿Y si…?

La presión social es bastante fuerte en estas fechas y provocan nos dejemos llevar por el ‘Y si…’, aun sabiendo que son solo unos pocos afortunados consiguen alguno de los premios.

De esta manera, dejándonos llevar por esa ‘envidia preventiva’, la compra de décimos de la Lotería de Navidad se ha convertido de una de las rutinas más seguidas por los españoles. Y, por supuesto, muchos siguen sin conseguir nada más que la devolución del décimo de Navidad, o simplemente nada.

¿Eres tú uno de esos? Entonces, por favor, haz un ejercicio.

Calcula cuantos años llevas comprando Lotería de Navidad y calcula lo que te has gastado. Por ejemplo, solo por comprar un décimo en Navidad, en una década te habrás gastado 200€. Si eres de los que también juegas al Euromillón, los martes y los viernes, te habrás gastado 4€ semanales, que en diez años serán 1,920€. Si hubiéramos decidido invertir ese dinero en un depósito o en la bolsa y le sacáramos una rentabilidad del 5% anual habríamos conseguido, además de no perder dinero, 2.184€.

Por tanto, el dinero que hemos destinado a soñar con hacernos ricos lo podíamos haber destinado al ahorro, es lo que podemos llamar el coste de la oportunidad. Se trata del valor de la mejor opción no realizada, es decir que si con el décimo de lotería no ganamos nada hemos perdido la oportunidad de destinar ese dinero a comprar un libro o destinar una buena parte de nuestros ahorros en productos de inversión o a cualquier otra cosa que se nos ocurra. Incluso tomarse una cerveza es la mejor opción no realizada frente a un boleto de lotería.

 

Conclusión

La Lotería es un impuesto del Gobierno al desconocimiento de las matemáticas.

Un estudio publicado en el Social Science Research Network llevado a cabo en 2010 por diversas universidades americanas los premiados tendían a acabar arruinados entre tres y cinco años después de ganar la Lotería.

Una persona no se hace rica porque le haya tocado la Lotería, se hace rica porque sabe gestionar adecuadamente su dinero y sabe cómo mantener su riqueza; algo que no podemos decir de los ganadores de Lotería, los cuales suelen fundirse toda su fortuna a lo largo de los años.

Y es que debemos tener en cuenta, que aquellos que no administran bien un patrimonio pequeño tendrán más dificultades aun para gestionar un patrimonio grande, pues no están acostumbrados ni tienen los conocimientos necesarios para manejar grandes cantidades de dinero.

Por eso, jugar a la Lotería y ganarla no nos hará nunca ricos. Los ricos de verdad no dependen de la suerte para crear su fortuna, la crean ellos mismos gracias a sus conocimientos financieros.

Como dijo Marco Aurelio:

El objetivo de la vida no es estar del lado de la mayoría, sino escapar del grupo de los insensatos”.

***

 Bonus: Lecturas para profundizar más…

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