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Esta es la 2ª Parte de la “Guía para Dejar de Gastar”, un mini curso sobre técnicas para reducir tus gastos y conseguir ahorrar de forma consistente.

En la 1ª Parte, compartí contigo cinco pasos que debías seguir para prepararte para ello. Entre ellos, el organizar el desorden y hacer balance de lo que ya tienes, a la apertura de una cuenta de ahorros separada donde poder poner todo el dinero que no te gastes (por no ir de compras). Una vez que hayas completado esos pasos (¡especialmente haber escrito las tres listas!), ya puedes comenzar el proceso.

En el post de hoy, trataré algunos problemas que seguramente experimentarás y necesitarás trabajarlas, una vez te encuentres en ellas. Sé por experiencia, que los primeros 30-60 días serán los más difíciles, pero a día de hoy también me enfrento a retos que ponen a prueba mi fortaleza y ¡hace ya más de 4 años!. La verdad es que, fijarse una meta para iniciar el proceso es fácil, lo importante es mantenerse firme en el camino.

Existen una serie de circunstancias que probablemente sufras y es mejor que te anticipes a ellas. También te explico cómo puedes lidiar con todas ellas:

 

  1. Dile a todo el mundo lo que estás haciendo

Comienza contándoselo a tu familia, a tu pareja, a tus hijos – o cualquier persona que viva en tu casa y que participe en tu presupuesto familiar. Habla con ellos y decidid si es algo en lo que todos participareis, o si empezarás tu solo/a de momento. Si lo que quieres es que todos te sigan en tu proyecto, es posible que te encuentres con cierta resistencia, así que lo mejor es no presionar a nadie.

Lo más importante, por ahora, es asegurarte de que todos conocen tus intenciones de dejar de gastar en un periodo de tiempo determinado (a excepción de los artículos esenciales).

Explicarles cuáles son tus objetivos, cómo crees que esto va a ayudarte a ti y a tu familia y los planes que tienes para el dinero ahorrado.

Después de eso, cuéntaselo a la gente con la que pasas la mayor parte del tiempo. Puede ser divertido decirlo en alto y claro desde el principio. También, puedes esperar a que tus amigos te propongan algún plan al que no puedas asistir para contar tu proyecto.

De cualquier forma, yo te recomendaría que tuvieras por lo menos a una persona de confianza a la que puedas llamar o consultar cada vez que sientas la tentación de irte de comprar. A cuanta más gente se lo cuentes mejor que mejor, porque ello te hará responsabilizarte de tus actos, no sólo ante ti mismo, sino también ante los demás. No querrás defraudarles 😉

 

  1. Cambia hábitos caros por alternativas baratas o gratuitas

Una de las principales preocupaciones de la gente que desea reducir sus gastos es: cómo reemplazar los hábitos que ya tienen y comparten con otras personas.

El hecho de decir: «No puedo ir de compras» o «No puedo ir a cenar o a tomar algo» (en el caso de que reducir el gasto en salir a comer fuera, esté dentro de tus objetivos) no es siempre una conversación agradable. Pero si les sugieres otras actividades gratis o baratas, te sorprenderás de la cantidad de gente que se alegrará de hacer algo que les ahorre dinero a ellos también.

Por ejemplo, en lugar de dar una vuelta por un centro comercial, propón hacer senderismo o hacer una excursión a un lugar nuevo. Y en vez de ir a comer y beber, haced un picnic en el campo o reuniros en una casa y aportad algo cada uno. Algunas de las veces que mejor me lo he pasado con amigos, han sido haciendo senderismo o cenando juntos en casa.

Ahora, cuando se trata de hábitos personales que deseas recortar, haz un plan y todo lo necesario para poder llevarlo a cabo. Por ejemplo, yo solía cogerme un sándwich de la maquina muy a menudo (parece un gasto absurdo, pero 1,10€ durante 4 días a la semana en un mes de trabajo, suponen 90,2€!). Para reducir este gasto sin renunciar al sándwich, me los llevaba de casa.

Tus hábitos personales serán diferentes a los míos. Tal vez te guste comprarte ropa nueva cada semana, los últimos juegos o más libros de los que tengas tiempo de leer. Sea lo que sea que compras de más, asegúrate de tenerlo a la vista, para no tener excusas y comprar más. Cada vez que te venga el deseo de comprar algo, revisa y empieza a utilizar lo que ya tienes.

Lectura extra: 36 planes baratos o gratis para hacer en verano (muchos aplicables a cualquier época del año)

 

  1. Presta atención a tus desencadenantes (y cambia tus reacciones)

Aquí es donde las cosas empiezan a ponerse duras: cuando sientes la necesidad de ir de compras, a veces, enviar un mensaje a un amigo y que te pida que dejes de hacerlo, no es suficiente.

Es necesario que hagas una pausa y pienses qué está sucediendo en ese momento:

  • ¿Cómo te sientes?
  • ¿Tuviste un mal día?
  • ¿Dónde estás (y qué te llevó allí)?
  • ¿Qué estás haciendo?
  • ¿Con quién estás?
  • ¿Qué excusas te estás diciendo a ti mismo?

Hazte estas preguntas para encontrar la razón que te impulsa a comprar. Detectar el origen es muy importante para poder cambiar tus acciones posteriores.

Algunos de los factores desencadenantes que identifiqué en mí misma fueron: el hecho de estar acompañada con amigos, me incitaba a compra más (y más cosas inútiles); cuando estoy estresada me compraba ropa para animarme o me compraba cualquier nuevo libro simplemente para leérmelo, algun día…

Antes de plantearme reducir mis gastos, no me cuestionaba lo que hacía ni con quien me encontraba. Al iniciar el proceso me vi obligada a hacer frente a estos factores desencadenantes y no dejar que dominaran mis actos.

En lugar de comprarme un sándwich todos los días, me lo llevo ya preparado de casa. En vez de ir de compras con amigos, ahora trato de ir sola. No compro nuevos libros, si no que los apunto en una lista. Y cuando realmente me apetece comprarme más, primero, miro mis estanterías y reviso lo que aún me quedan por leer.

Si no cambias los malos hábitos por buenos hábitos, tendrás más probabilidades de «recaer» y volver a las viejas costumbres. Siempre que sientas la necesidad de comprar algo, párate y piensa qué está pasando en ese momento y si tienes otra alternativa, que no sea gastarte el dinero.

Hazlo, hasta que se convierta en algo automático.

Lectura extra: Gastos impulsivos, ¿cómo controlarlos? De Planea tus Finanzas

 

  1. Aprender a vivir con pocos recursos o créalos tú (DIY)

No quiero mentirte.

Si vas a “dejar de gastar” durante un periodo de tiempo considerable, habrá momentos en los que querrás renunciar. Por eso, la única manera de motivarte será tratar de vivir con menos cosas.

Por ejemplo, mi par de sandalias favoritas se rompieron después de unas vacaciones poniéndomelas casi a diario. ¿Quise correr a la tienda para comprar un nuevo par igual? Por supuesto.

Pero en lugar de ello, recordé que era iba a llegar el otoño y decidí que podía vivir sin ellas hasta el verano siguiente. Algunos podrían decir que esa compra era «esencial», porque hubiera sustituido algo, ¡pero no! Tenía otros zapatos que ponerme. Con lo cual, unas sandalias nuevas no eran realmente necesarias.

A menos que realmente necesites algo, intenta vivir sin ese artículo durante un par de semanas o meses, y observa el tiempo que puedes aguantar. Si se convierte en una molestia diaria, adelante, cómprate uno nuevo. Pero, si realizas este ejercicio, te darás cuenta de que realmente no necesitas comprar ni la mitad de cosas que crees que necesitas.

Dependiendo del artículo con el que decidas dejar de vivir, buscar otras formas de poder adquirirlo puede ser más fácil de lo que crees. Vivimos en un mundo donde tiramos lo que está «roto» y compramos uno nuevo, pero en general, es más barato arreglar las cosas por ti mismo. Por ejemplo, antes de decidir reducir mis gastos, nunca había cosido nada en mi vida. Muchas mujeres de mi familia saben coser. Siempre que necesitaba coger el bajo de los pantalones, lo dejaba en la tienda para que lo cosieran, era más cómodo. Pero sabiendo que mi madre sabía coser, le pedí que me enseñara. Desde entonces, me cojo el bajo yo misma. Estoy segura de que mi madre me lo enseño en algún momento, pero la decisión que tomé me obligó a tratar de solucionarlo el problema sin gastar dinero.

 

  1. Aprecia lo que tienes

Con el paso del tiempo, comenzarás a sentirte agradecido por todo lo que tienes en tu vida. Todos los artículos que tengas en casa, desde la ropa de tu armario hasta los libros de tus estanterías, te recordarán que ya tienes todo lo necesario. Las relaciones, la felicidad, la salud de tu familia y amigos, tendrán prioridad. Hasta un simple paseo por el campo servirán para alegrarte el día.

Lo importante que debes saber es que el éxito dependerá de las historias que te cuentes a ti mismo.

Durante el tiempo que decidí reducir mis gastos, obtuve buenos resultados, pero a menudo me sentía asfixiada. Si te dices a ti mismo: «uf, no puedo gastar dinero, esto es una mierda», terminarás gastándotelo de nuevo. Pero si te dices: «realmente no lo necesito», y elijes apreciar lo que ya tienes, probablemente nunca vuelvas a comprar esas cosas de las cuales prescindiste.

 

Cuándo necesitas comprar algo, de verdad.

Después de haber escrito más de 4.000 palabras acerca de cómo DEJAR de gastar, sé que llegará un momento en el que tendrás que comprar algo. Y probablemente, no se encuentre dentro de tu lista de “compras aceptadas”.

El único par de pantalones vaqueros que poseía se rompieron por la entrepierna, y a pesar de mi mejor intento para arreglarlos, finalmente, tuve que reemplazarlos. Esas cosas pasan… la vida es así…¡y está bien! No es necesario tener permiso para comprar cosas que realmente necesitas. Simplemente, hazlo. Si lo necesitas, cómpralo. Fin de la discusión.

Recordemos lo que significa “dejar de gastar”: un período de tiempo en el que decides no comprar cualquiera de las cosas «no esenciales» en la vida. ¡Eso es!

¿Es un teléfono móvil esencial? Depende… 😛

En el futuro, cuando tengas que comprar algo, hazte estas preguntas:

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Nota: No siempre es necesario comprar productos de calidad. Por ejemplo, si tus hijos son pequeños y necesitan ropa nueva, puedes comprarla más barata o de segunda mano siempre que sea posible. Los niños crecen muy rápido y la ropa no les durará mucho tiempo. Si necesitas comprarte ropa que utilices muy a menudo, lo mejor es que te la comprende calidad. De esta forma, no tendrás que renovarla cada poco tiempo y que te salga más caro, al final.

Ahora, si vas a comprar algo de tu lista de “compras aceptadas”, investiga y haz la mejor compra posible. ¡Sólo lo comprarás una vez!

Por otro lado, si tienes que regalar o te hacen regalos durante este período, pide cosas que realmente necesites y desees. De esa forma, cuidas tu presupuesto y no añades más trastos en casa. En cuanto a los regalos, aplica el mismo enfoque: regala cosas que use la persona en cuestión y que no solo recojan polvo (recuerda que tu tiempo es el mejor regalo de todos, pero eso ya lo sabes ;)).

 

Conclusión

Ok ¡Creo que hemos cubierto todo, amig@s!

En definitiva, el tener un período en el que dejas de gastar no tiene por qué hacer que te sientas mal. He leído algunos post en los que dicen que dejar de gastar es algo estúpido, que solo es para las personas a las que no les gusta gastar dinero, que es malo porque van a crear el efecto revote y cuando lo dejes empezarás a gastar todavía más…

Yo no lo creo.

Si estás decidido y tomas las decisiones correctas durante el proceso, tu relación con el dinero y con las cosas cambiará radicalmente.

Recuerda: El éxito dependerá de las historias que te cuentes a ti mismo.

Si te dices que es una mierda, fallarás y después, recaerás con más fuerza. Pero si aprecias lo que tienes y compras sólo lo que necesitas, los resultados podrían cambiar tu vida.

El proyecto de reducir mis gastos, junto con la organización de mis cosas, me han enseñado lo que realmente es importante para mí, y nada de esto se pueden comprar en una tienda.

Espero que, si te decides a probar, consigas sentirte tan bien como yo.

¡Buena suerte! 🙂

***

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